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VILLA DE ÁLVAREZ Y SUS FIESTAS CHARROTAURINAS

 

NOMENCLATURA
DENOMINACIÓN

Villa de Álvarez

Toponimia

Antes de la llegada de los españoles, el poblado indígena existente se llamaba Molone, Molonia, Almolonia. El municipio recibe su actual designación de dos fuentes distintas. El título de Villa lo hereda del pueblo de San Francisco de Almoloyan, fundado en 1553 y elevado a Villa de San Francisco de Almoloyan el 10 de Septiembre de 1824. Posteriormente, el 15 de Septiembre de 1860 su nombre cambia a Villa de Álvarez, en honor al gobernador del Estado de Colima, Manuel Álvarez, asesinado tres año antes.

Mediante otro decreto del H. Congreso del Estado del 28 de junio de 1991, toma un nuevo nombre la cabecera municipal; Ciudad de Villa de Álvarez.

Almoloyan significa, en nahualt, lugar entre dos ríos, lo que corresponde al lugar donde se encontraba el pueblo indígena y posteriormente el convento, entre el río de Colima y el Arroyo Pereyra.

Versión del Dr. Miguel Galindo, asegura que el nombre significa “agua que gira en el río” (remanse). (“donde mana el agua”, Oscar Guedea).

En el Siglo XIX, desde 1824 y hasta 1860, el municipio se denominó Municipio de Almoloya.

ESCUDO

Escudo Heráldico de Villa de Álvarez cortado en campaña o barba con bordadura en azul sobre la cual se lee el nombre del Municipio: “Villa de Álvarez” en sable (negro). En el campo disminuido del escudo, en sinople (verde), la fachada del exconvento de San Francisco (en su color). En el campo dominante del escudo en plata, dos piezas triangulares en palo, una en pira o punta formando la letra “A” y la otra en pila o punta ranverzada formando la letra “V”, en gules (rojos). En la base de estas piezas se forma una letra “M” en sable (negro).

ORNAMENTOS EXTERIORES DEL ESCUDO

En la parte superior timbrada y centrada, una efigie en piedra del General Manuel Álvarez (en su color).

SOPORTES QUE CUSTODIAN EL ESCUDO

En la parte inferior a cada lado dos figuras humanas (charros) y dos figuras animales (toros) dispuestos hacia fuera en su color. Envolviendo el escudo la planta del maíz con hojas y mazorcas, en su color. En media de los toros y en punta la piedra de Juluapan (en su color). En la punta, divisa en forma de listón dorado flotante con la leyenda “TRADICIÓN, HOSPITALIDAD Y TRABAJO”.

GEOGRAFIA
MEDIO FÍSICO:

LOCALIZACIÓN.- El Municipio de Villa de Álvarez se encuentra localizado en el centro del Estado de Colima, entre las coordinadas 19º 15’N – 19º 21’N y 103º 40’W – 104º 05’W, con altitudes mínimas de 510 msnm (420 msnm en la puerta de la Presidencia Municipal) y máximas de 1900 msnm en el Cerro de Carrillo y 2220 msnm en el Cerro Grande. Limita al Oeste y Suroeste con el municipio de Colima; al oeste con el municipio de Cuauhtémoc; al Noroeste y Norte con el municipio de Comala; al Noroeste y Este con el Municipio de Minatitlán y al Sur y Sureste con el Municipio de Coquimatlán.
Cuenta con una extensión total de 428.4 km2, representa el 7.8 de la superficie estatal, y el quinto lugar entre los diez municipios del Estado.

CRONOLOGIA DE HECHOS HISTORICOS

1523.- Los españoles conquistan la región de Colima. El pueblo de Almoloyan es entregado como encomienda al conquistador Francisco Santos.

1553.- El visitador Lorenzo Lebrón de Quiñónez anula la encomienda del pueblo de Almonoya, cuyas tierras regresan al Rey, Frailes Franciscos solicitan y obtienen autorización para fundar un convento en dicho lugar. El virrey ordena que no se impida a los indios de los pueblos cercanos irse a poblar en torno al convento.

1554.- Un terremoto daña el convento.

1555.- Se le otorga fundo legal al nuevo pueblo de San Francisco de Almoloyan y se le designa como cuartel de los nahuales.

1568.- Un terremoto destruye el primer convento de San Francisco de Colima.

1605.- Se pide cambiar de sede al convento porque Almoloyan esta casi deshabitado.

1630.- Se registran en un censo las primeras familias españolas y mestizas del pueblo.

1750.- Surgen barrios en torno al pueblo de San Francisco.

1761.- Primera mención, en un documento de la compraventa de terrenos en el barrio.

1805.- Se construye una capilla provisional en el barrio de Los Martínez, que ya tiene más habitantes que San Francisco de Almoloyan.

1810.- 8 de Octubre. “Conjura” de Almoloyan. Los españoles detienen al Cabildo de San Francisco de Almoloyan bajo la sospecha de haber convocado una conjura contra el Rey. Después de escuchar a los testigos, se les libera al comprobarse que su intención era defenderse de los franceses napoleónicos. Los insurgentes ocupan el pueblo en noviembre.

1811.- Los insurgentes abandonan el pueblo en marzo. El vicario José Antonio Díaz sigue a los rebeldes.

1812.- 16 de agosto. Combate de Almoloyan, entre insurgentes y realistas. Victoria insurgente pero cinco días después dejan Colima.

1813.- Comienza la construcción de un templo en el barrio de Los Martínez. El Cabildo jura la Constitución de Cádiz.

1814.- 1º de Enero. Entra en funciones el primer Ayuntamiento Constitucional de San Francisco de Almoloyan.

1818.- 31 de mayo. Un terremoto destruye el pueblo y el convento de San Francisco. El cura José María Jerónimo Arzac decide cambiar la iglesia al barrio de Los Martínez.

1824.- El Obispo de Guadalajara acepta el cambio propuesto por el Cura José Ramón Arzac. El pueblo recibe el título de Villa el 10 de septiembre. El Municipio de Almoloyan forma parte integral del territorio de Colima.

1829.- Se concluye la construcción de la iglesia parroquial del antiguo barrio de Los Martínez, que ahora se llama Villa de San Francisco de Almoloyan.

1847.- Tras un nuevo terremoto, es abandonado finalmente el antiguo pueblo de San Francisco. Se construye el curato a un lado del templo.

1857.- El municipio de Almoloyan forma parte del nuevo Estado de Colima.

1860.- 15 de septiembre. El nombre oficial del pueblo es cambiado a Villa de Álvarez.

1881.- Se definen límites con el municipio de Colima. El antiguo pueblo de San Francisco, ahora barrio, deja de forma parte del Municipio de Villa de Álvarez.

1892.- Comienza a circular el tranvía de mulitas a la Ciudad de Colima.

1900.- Un terremoto daña la iglesia parroquial de la Villa. Es demolida.

1903.- 3 de octubre. Comienza la construcción de la nueva iglesia parroquial.

1906.- Se construye una vía férrea de vía angosta al Cerro Grande.

1913.- Comienza la inestabilidad política debido a la revolución mexicana. Se suceden 4 alcaldes en ese año.

1927.- Inicia la guerra cristera. Varias veces el pueblo es escenario de refriegas entre cristeros y soldados del Ejército Federal.

1947.- Es concluida la torre derecha de la iglesia parroquial, terminando así su construcción.

1959.- Es electa como Presidenta Municipal la primera mujer en la entidad.

1976.- son demolidos la primera capilla provisional y el curato para ampliar el jardín en torno a la iglesia.

1980-1990.- Gran crecimiento demográfico de la Villa. Duplica su población en 10 años con tazas de crecimiento del 12 por ciento anual.

1991.- 28 de junio. Villa de Álvarez es declarada ciudad por el Congreso del Estado.

 

Información proporcionada por el Ing. Rafael Tortajada

ASPECTOS RELIGIOSOS DE LAS FIESTAS
         
RESPECTO A LOS DESASTRES NATURALES OCURRIDOS EN LA VILLA DE COLIMA 
Las fiestas de toros que se celebran en Villa de Álvarez, tuvieron su origen en la Villa de Colima en el año de 1668.
 Su origen está ligado a los fenómenos naturales tan frecuentes en nuestro medio como son la actividad del volcán, y los sismos o temblores fundamentalmente, pues ante el temor que estos representaban para el grueso de la población por los daños que causaban, los habitantes de la Villa de Colima se vieron precisados a contar con algún Santo que les protegiera de las fuerzas de la naturaleza.
Respecto a los principales fenómenos naturales vividos en la Villa de Colima, citaremos a manera de ejemplo los siguientes:
 * De acuerdo a algunos datos recabados, se habla de que en el año de 1552 se registraron varios y fuertes temblores.
 * En mayo de 1556, se experimentó una fuerte erupción volcánica.
 * El 11 de enero de 1557, se originó otra erupción volcánica que provocó varios incendios.
 * El 14 de abril de 1574 se sintió un fuerte temblor que se hizo sentir en toda la región, causando pavor en la población.
 * El 6 de octubre de 1590 se sintió un fuerte temblor que  derribó varias casas y el templo.
 * El 4 de junio de 1593 a las once de la noche se originó una fuerte erupción del volcán.
 * En agosto del año de 1600, un rayo incendió el templo parroquial y nueve casas de la Villa de Colima.
 * El 17 de noviembre de 1603, hubo incendios provocados por una erupción del volcán, y en 1609 se originó un fuerte sismo que aterrorizó a la población más que otros, según datos dados a conocer por el doctor Miguel Galindo, al mismo tiempo que señala que fue en este momento cuando se concibió la idea de contar con un Santo Patrono.
  * El 27 de noviembre de 1618, por varios días se dio la presencia de mucha langosta que perjudicó en buena medida los sembradíos, como también el 21 de febrero de 1625 se originaron varios incendios.
 * El 29 de octubre de 1626, hubo una fuerte tempestad en que se perdieron todas las huertas de cacao, cañaverales y sembradíos, dejando la región desolada.
 * El 9 de diciembre de 1626, se originó otra fuerte erupción volcánica que provocó incendios, destruyendo entre otras, las casas de Juan Carrillo de Guzmán y la de doña María Guzmán.
 * El 27 de noviembre de 1628 hubo una fuerte plaga de langosta que acabó con todos los sembradíos.
 * El 16 de marzo de 1653, por erupción volcánica hubo un fuerte incendio que convirtió en cenizas el templo parroquial, el templo de la Merced y su convento, y la mayor parte de las casas, ascendiendo las pérdidas a la cantidad de cinco mil pesos. 

SELECCIÓN DEL SANTO PATRONO
No encontrando remedio al alcance del ser humano, los sectores de Justicia, el Cabildo, el Regimiento y demás vecinos, se convocan y asisten a una Junta donde por acuerdo unánime, y consentimiento consecuente, determinan hacer una rifa de Santos y Santas reconocidos por su protección milagrosa, acordándose que quien resultara seleccionado fuera proclamado como patrono de los temblores e incendios.
 Cabe mencionarse que en el momento en que iba a llevarse a cabo tan piadosa y cristiana acción, los congregados vieron entrar a tan singular e ilustre cónclave, a un religioso de la orden de los menores del Seráfico San Francisco de Asís, quien acercándose al portero de la Casa Consistorial, le solicitó que fuera con los regidores y les dijera que incluyeran en las cédulas el nombre de San Felipe de Jesús - quien fuera en su tiempo fraile de la orden de los franciscanos -, y que si resultare electo, les sería buen patrono.
 El portero cumplió el encargo, llegando sigilosamente con cada uno de los munícipes, a quienes pasó el recado turnado por el fraile franciscano.
 Una vez que las cédulas se encontraban dispuestas para ser sorteadas, salió por primera, segunda y tercera vez el nombre del glorioso Pro-mártir de América San Felipe de Jesús. Se buscó al fraile franciscano que diera el consejo de incluir a San Felipe, pero no se le encontró, pues se corroboró que no fue ninguno de los residentes en la Villa.
 Lo anterior dio origen a que se especulara en el sentido de que fue el mismo  San Felipe de Jesús en persona quien se ofreciera a prestar sus servicios a la población, noticia que fue conocida de inmediato por todo el vecindario, motivándose gran entusiasmo que llegó al delirio, fortaleciendo la devoción por el Santo patrono, acordándose entre Ayuntamiento y vecinos un juramento para festejar cada año a dicho Santo
Fue así como respetando lo establecido y acaecido en el sorteo con júbilo general y beneplácito de todos los asistentes se publica y proclama al Ínclito mártir mexicano, San Felipe de Jesús como patrono de los temblores.

JURAMENTO SOLEMNE AL SANTO PATRONO
  Para tal efecto se llevó a cabo un Juramento solemne en el que se marcaba celebrarle culto en su día, a quien por sí, sus hijos y descendientes y sucesores votaron y juraron perpetuas y solemnes fiestas, con las mayores demostraciones de devoción que se impusieron.
 Para ello quedó estipulado el cumplimiento exacto de la celebración con víspera, procesión, sermón y misas con Octava que en su propio día, y siguientes a él, añadiendo siempre el común júbilo con marchas, fuegos, luminarias, carros de luces, comedias y toros.

 

DISPOSICIONES PARA LA REALIZACIÓN DE LAS FIESTAS RELIGIOSAS
A continuación se transcriben las disposiciones del I. Ayuntamiento sobre las celebraciones de las Fiestas de San Felipe de Jesús signadas en el año de 1772.

“En la Villa de Colima en seis días del mes de febrero de mil setecientos setenta y dos, estando reunidos en la Sala del Ayuntamiento los que componen este cabildo, como lo han de uso y costumbre que lo son: el Señor Don Josef Francisco de Campos Freyre; Procurador por Su Majestad y Teniente General de Alcalde Mayor, Presidente de él, Señor Don José Sánchez, Alcalde de primero Voto; el Señor Pedro Lobato de Orozco, Alcalde Segundo de Voto; el Señor Don Juan Efigenio Solórzano, Regidor Decano, Fiel Ejecutor; el Señor Don Atanasio Brizuela, Regidor y Alguacil Mayor; el Señor Don Miguel Mata Escalona, Juez Coutador de Menores y Albaceazgos, todos por Su Majestad, que Dios guarde, y vacos los demás oficios consejiles; a efecto de tratar los negocios que convienen para el gobierno y permanencia bienestar de esta república,  siendo uno de ellos, en la que está constituido todo el vecindario de esta Villa, con el voto y juramento solebne que tenemos hecho de solebnizar anualmente en su día al glorioso Proto – Mártir Señor San Felipe de Jesús, que para ello le tenemos prometido hacer sus fiestas con la mayor solebnidad, veneración y culto, para en parte satisfacer al afecto de habernos ofrecido por Patrón y Defensor de temblores, como consta en su antigua tradición que nos trasciende desde nuestros antecesores hasta los presentes, mirándonos con caridad por el rigor de ese elevado Volcán que tan inmediato nos acomete, y siendo de derecho dar satisfacción a las deudas bien debidas, como lo es esta de nuestro acreedor el Señor San Felipe de Jesús, que como nuestro Patrón no permitirá el vicio de vanidad a la satisfacción de su deuda, por asentado hemos acordado y mandamos que las fiestas anuales a que nos hallamos obligados, se moderen y celebren en la forma y manera siguiente”:

“Primeramente la noche que se acostumbra soltar las cajas y pitos, solo se disparen cuatro docenas de voladoras y una bomba, en señal de reseña, costeado entre los cuatro oficiales”.

“Iten.- La tarde de la marcha, el Alférez de Cristianos recibirá a los convidados que marchen, con aguar (ajuar) de las especies que ofrece este país, y así mismo repartirá para los tiros de los alcabuses de pólvora acostumbrada”.

“Iten.- En la noche saldrá el carro costeado prorrata entre los cuatro Oficiales, con la moderación posible, que no exceda a lo acostumbrado”.

“Iten.- El recibimiento que hiciere en la noche el Capitán en su casa a las compañías de la Encanizada será con (algunas bebidas) de caldos no prohibidos, piñas, viscotelas”.

“Iten.- Los fuegos que se disparen en la Plaza, no excedan a cada uno de los Oficiales que les tocaren sus luces de doce granos (centavos) cada uno de dichos Oficiales”.

“Iten.- Al día siguiente que se (tres palabras ilegibles) acostumbrados, que no haiga almuerzo de ninguna manera, y solo se refiere lo de la noche antes”.

“Iten.- Que la vela que hasta hora se (ha) acostumbrado al señor San Felipe de Jesús en las casas de los Oficiales, éstas de ninguna manera las ha de haber, y se les comuta  (conmute) en que cada uno den dos libras de cera de castilla labrada, para que en el Altar de Nuestro Patrón (se) ardan, y estas se han de entregar el día de la elección a los nuevos Oficiales, para que se enciendan todos los días, horas de misas, en señal de la fé con que abrazamos su patrocinio, siguiéndose la orden desde el Capitán de Cristianos hasta el Alférez de Moros, que siendo veinticuatro velas de a tres en libra, habrá para todo el año arda dos o tres horas una vela”.

“Y para precaver el exceso que por favor, a vanidad quiera alguno de los Oficiales excederse a lo que tenemos acordado y mandado, mandamos que ninguna persona altere ni baje los gastos aquí expresados aunque se halle con las mayores facultades, y aunque diga ser manda, porque en ese caso buscará quien le comute (conmute) con derecho por la pena que se le impone de cien granos (centavos) aplicados para la Cámara de su Magestad, que Dios guarde, que para exigirla se les concede faculta a todos los Señores Jueces de nuestro Ayuntamiento para que por si pueden hacerlo pedimento de las partes que se hallaren sourojadas por el exceso del que lo tal intentare hiciere, con advertencia, de que les será a los Señores Jueces causa grave en la residencia, y dará cuenta de la pena y multa expresada”. 

“Y para que llegue a noticia de todos, mandamos que en el primer día de las referidas fiestas, juntos los Señores Jueces Oficiales autuales, y los que en adelante lo fueren y demás vecinos, se les haga saber este nuestro auto, por convenir así al bien de la república, por la experiencia que tenemos de quedar atrasados y descubiertos sus créditos los que han querido usar de lo que se había acostumbrado en la solebnidad de las fiestas”.

“Y por este nuestro auto así lo proveímos y mandamos, que firmamos. Damos Fée.- (firmados) Francisco de Campos.- José Sánchez.- Atanacio Brizuela.- Juan Efigenio Solórzano.- Pedro Norberto de Orozco.- Miguel de la Mata y Martín.- De asistencia.- Francisco Barranco de Algar”.

( * ) Se respetó el texto original en lo referente a sintaxis y ortografía con que fuera redactado el anterior documento.

El juramento anterior fue acatado desde el momento en que fuera signado durante 35 años, pues a partir de 1807 dejaron de celebrarse las fiestas en honor del Santo Patrono San Felipe de Jesús, situación que vino a reclamar que el cura José Eugenio Bravo turnara una invitación el 3 de febrero de 1818 al Ayuntamiento de la época, a fin de lograr el Renacimiento de la devoción a San Felipe de Jesús después de once años de culpable olvido, a la cual hubo de sumarse la extensa carta que enviara el señor D. José Mariano Valle, Administrador de Diezmos y Correos al muy ilustre Ayuntamiento el día 21 de  noviembre de 1818 con la finalidad de insistir en que se renovara la devoción a San Felipe de Jesús, expresando entre otros muchos argumentos las críticas circunstancias de aflicción en que se ha visto y se ve todo este territorio experimentando los más funestos y horrorosos estragos causados por los terremotos acaecidos.
En septiembre de 1819 con la finalidad de renovar el Juramento de festejar al Santo Patrono se procedió a convocar a los vecinos y autoridades a comprometerse al cumplimiento del compromiso contraído

Después de renovado el Juramento, los festejos a San Felipe de Jesús en su día se siguieron haciendo, como quedó establecido en dicho documento en el año de 1668, con Vísperas, Procesión, Misa y Sermón, añadiendo siempre el común júbilo de marchas, fuegos, luminarias, carros de luces, comedias y toros.

En los siguientes años se celebraron los festejos religiosos al Patrón de la Villa de Colima, al Glorioso y Santo Mártir San Felipe de Jesús, con las mayores demostraciones de devoción, culto y regocijo posible, tal como se comprometió la comunidad en el Juramento que firmaron; hasta el año de 1856.

Fue a partir de 1857 cuando esos festejos fueron transferidos a Villa de Álvarez, sin embargo, San Felipe de Jesús continúa siendo el Santo Patrón, razón por la que los festejos continúan celebrándose en su honor.

Sin embargo, como Villa de Álvarez carecía de un templo en honor de dicho Santo, hubo necesidad de construir uno dedicado al Santo Patrono, el cual fue edificado en la Colonia El Llano de la ciudad.

En nuestros días se conserva aún dicha tradición, y se cumple con el Juramento signado, aunque con las innovaciones propias de la época, pues año con año sale una procesión del templo localizado en la Colonia del Valle, hasta la división con la ciudad de Colima, para regresar hasta la plaza de toros, donde se celebra una misa que en varias ocasiones la ha oficiada por  el señor obispo de la Diócesis de Colima, en turno.

La procesión de referencia es acompañada por un carro alegórico con la imagen de San Felipe de Jesús, acompañado de varias personas a pie y otras a caballo que portan la bandera nacional. Este evento se lleva a cabo desde el año de 1989.

CANONIZACIÓN DE SAN FELIPE DE JESÚS

Con motivo de recabar datos que permitieran la canonización de San Felipe de Jesús, y como prueba fehaciente del culto y elección como Patrono de la Villa de Colima, el Muy Ilustre Ayuntamiento de la Ciudad de México en el año de 1797 envió un comunicado donde suplica al de la Villa de Colima practique formales diligencias sobre las constancias que existan acerca de la aparición y elección de San Felipe de Jesús como patrono titular de esta Villa.

A lo que el Ayuntamiento de Colima a través de Don Tomás Bernardo Quiroz, Alcalde Ordinario de Segundo Voto en cumplimiento de lo mandado por el Muy Ilustre Cabildo se dio a la tarea de localización de los documentos al respecto en los Archivos de la Subdelegación, los cuales pese a lo revuelto que se encontraban fueron en su momento reproducidos y turnados en un cuaderno de Cedulario sin forro, el 27 de mayo de 1805.

Igualmente se procedió a practicar diligencias solicitadas, enviándose las declaraciones testimoniales de los Sacerdotes Don Ramón Ramírez, Felipe Ignacio Ahumada y Don Tomás Reinoso, quienes testificaron previo Juramento decir la verdad en lo que supieren y les fuera preguntado respecto a la Aparición de San Felipe de Jesús y su nominación como Patrono de la Villa de Colima.

Al respecto los tres prelados dieron respuestas afirmativas al caso, sustentando sus decires en relatos escuchados desde su niñez, y transmisión de dichos acontecimientos de generación en generación, como también en respuesta a documentos que hablaban sobre dicha Aparición y nominación como Santo Patrono de San Felipe de Jesús.

Resumiendo lo anterior, podemos darnos cuenta cabal de la importancia que tuvo la Villa de Colima para la santificación de San Felipe de Jesús que se concretara el 14 de septiembre de 1627, como también el hecho de que las fiestas de toros, siempre estuvieron ligadas y se dieron en el marco de los Festejos realizados en honor de dicho mártir mexicano, tal como sucede hasta nuestros días.

 

Extracto tomado del libro HISTORIA DE LOS FESTEJOS CHARROTAURINOS. Prof. Salvador Olvera Cruz y el C. Inés Ramírez Cobián.

HISTORIA DE LOS FESTEJOS CHARROTAURINOS

Al mismo tiempo que se cumplía con las celebraciones religiosas se fueron realizando fiestas profanas en las que se presentaban comedias y fiestas de ganado “bravo” a las que asistían gentes de toda la provincia de Colima y comunidades circunvecinas que constituían nutridas caravanas que permanecían durante los días que duraban las fiestas religiosas y profanas.

Era costumbre realizar los festejos taurinos en la Villa de Almoloyan y los religiosos en Colima pero fueron evolucionando, hasta llevarse a cabo tal como sucede en nuestros días en que  ambos festejos se celebran en Villa de Álvarez.

Después de dos siglos de celebrarse los festejos Taurinos en forma asistemática, y  llevarse a cabo  en las principales  haciendas que proporcionaban los pudientes de la época en cuyos corrales tenía lugar el jineteo del ganado que facilitaban, es a partir del año de 1857 cuando los citados festejos entran a una etapa de solidificación que hasta nuestros días se conserva.

Cuando las montas de toros y suertes que ejecutaban los jinetes en sus briosos corceles se llevaban a cabo en los corrales de las haciendas, el público que asistía a los eventos estaba constituido principalmente por las familias de los organizadores del festejo, de los peones al servicio del hacendado, y de la del propio terrateniente.

Antes y durante el jineteo, monta de toros, y lidia de los mismos, era común que los asistentes consumieran el tradicional “ponche” elaborado con frutas de la región, como también se sirviera comida que se preparaba en la hacienda para los asistentes, consistiendo las viandas principalmente en birria  con la carne de algún becerro o torete al que se daba muerte  con ese fin, de chivos, o bien se ofrecían los tradicionales “chicharrones” y carnitas de cerdos que eran sacrificados.

Lo anterior vino a dar vida a los tradicionales “recibimientos”  que con el correr del tiempo han venido a cubrir toda una época en el marco de los festejos Charro - Taurinos villalvarenses.

Estos festejos lograron solidez en el momento en que los villalvarenses se organizaron en comités encargados de programar y realizar los eventos en forma ordenada y sistematizada, pues anteriormente todo se daba en planos de improvisación.

A partir de 1857 los festejos taurinos se llevaron  a cabo en la Villa de Almoloyan, en la parte Sur del llamado barrio de los Martínez; pues la plaza de toros se levantaba  en los terrenos que actualmente ocupa el Jardín Principal de la Villa.

La plaza que se levantaba en dicho lugar era un redondel con murillos afianzados entre sí, y con reatas se elaboraba una tarima de tablas y con toldos de petates de tule que colocados en torno a la “barrera” le daban la forma de plaza de toros.

Era común por esos tiempos como ahora la presencia de gentes de todos los estratos sociales, pues se dice que cuando las fiestas se llevaban a cabo en la Villa de Colima, -antes del año de 1857, se llegó a contar con la presencia del general Manuel Álvarez, quien en el año de 1857 fuera el primer gobernador constitucional del Estado, pues éste era un apasionado de la charrería, y no desaprovechaba estos festejos anuales para gozar y participar de los eventos que se llevaban a cabo.

Retomando el caso del levantamiento de la plaza en Villa de Álvarez, hay que mencionar que esta contaba con un espacio reservado a las personas “principales”, en tanto que la escasa población de la época que asistía al evento, se colocaba de pie en torno al corral en que se llevaba a cabo el festejo.  

Fue en el año de 1860 cuando el gobernador del Estado, Urbano Gómez, decretó que la Villa de Almoloyan se llamará Villa de Álvarez.

 Por estos tiempos con motivo de la celebración de los festejos una comisión de los organizadores y con frecuencia el presidente municipal en turno, se trasladaban al barrio de San Francisco a recibir al ganadero que llegaba a ese lugar con los toros y vaquillas que serían jineteados y lidiados, para dejarlos descansar.

De ahí los vaqueros y algunos invitados se llevaban los toros mancornados a sus cabestros, hasta un corral grande donde eran desmancornados y provistos de abundante pastura y agua, el corral de referencia estaba ubicado junto a la plaza de toros que se edificaba como se señaló anteriormente en los terrenos que actualmente ocupa el Jardín Principal de la Villa.

Las personas que colaboraban con la autoridad, para estos momentos venían en marcha o convite, precedidos de una banda de música traída de alguno de los pueblos vecinos, sumada a ésta la “chirimía”, con sus peculiares y monótonos sonidos con aires de melancolía y en otras ocasiones de tinte guerrero.
  
Delante de los músicos de la banda venían dos enormes “monos” (mojigangos) llamados también “gigantes”.

Los llamados recibimientos tuvieron su origen desde el momento mismo en que se originaron los festejos religiosos en honor de San Felipe de Jesús; pues en las disposiciones para la realización de las fiestas religiosas se expresan los antecedentes más lejanos de esta práctica.

Dicho texto puntualiza entre otros señalamientos respecto a las marchas religiosas que se programaban en honor del Santo patrono lo siguiente:

“Iten.- La tarde de la marcha, el Alferez de Cristianos recibirá a los convidados que marchen, con aguar (ajuar) de las especies que ofrece este país, y así mismo repartirá para los tiros de los alcabuses de pólvora acostumbrada”.

“Iten.- El recibimiento que hiciere en la noche el Capitán en su casa a las compañías de la Encanizada será con (algunas bebidas) de caldos no prohibidos, piñas, viscotelas”.

La práctica anterior enmarcada en las fiestas religiosas fue adoptada posteriormente en los festejos profano - religiosos al ofrecer comida y bebidas a los ganaderos que prestaban los toros que serían lidiados y jineteados en las corridas que se ofrecían, y a los vaqueros encargados de trasladar los bovinos de la hacienda al sitio en que se encontraban los corrales de la plaza en que se realizaría el evento.

Cabe mencionar que para ofrecer las corridas de toros se turnaban invitaciones de parte de los organizadores a los hacendados de la región a fin de  que prestaran el ganado que sería lidiado y jineteado.

Al respecto se transcriben a continuación dos respuestas a las peticiones de prestar ganado para las corridas de toros de parte de la autoridad municipal correspondientes a los días 6 y 7 enero de  1907 respectivamente.

Las respuestas de referencia fueron signadas por los C.C. Salvador M. Ochoa, propietario de la Hacienda de “Buena Vista”, y por el ganadero Faustino Aguilar de Coquimatlán que la letra dicen:

El comunicado del C. Salvador M. Ochoa, fue remitido en una hoja de papel membretado con los datos del remitente siguientes:

           Salvador M. Ochoa
                   Colima
     Calle San Cayetano No. 97
               Apartado 128
Hda. de “Buena Vista” y Anexas
     Estado de Colima, México.

Colima, Col., 6 de enero de 1907
 C. Presidente del M. I. Ayuntamiento de Villa de Alvarez

 Me es honroso dar debida contestación a su m/ atta. Nota fecha 3 del que nos rige, relativa a Fiestas Públicas y Corridas de Toros que tendrán lugar en esa Villa del 2 al 10 del pmo. Febrero.

Cábeme la satisfacción de avisar a Ud. Para el conocimiento del H. Cuerpo que Ud. tan acertadamente preside y de las personas encargadas de la organización de dichas fiestas, que estoy conforme y que quedé entendido de que el día 5 del citado Febrero proporcionaré los toros que se lidiarán ese mismo día, y al mismo tiempo formaré cuerpo entre las personas designadas para el recibimiento respectivo.

Agradecido por la distinción de que he sido objeto, me es grato suscribirme de Udes.  atto. Y S.S.

Salvador M. Ochoa
Rúbrica

 

  Al C. Presidente Mpal.  V. de Álvarez

En contestación a su atenta nota de fecha 2 del mes actual, me es grato manifestar a Ud. para conocimiento de la H. Corporación que Ud. dignamente preside que aunque mi ganado no está actualmente en condiciones muy favorables para el objeto que se desea, sin embargo procuraré obsequiar sus deseos ministrando los toros que se lidiarán en esa Villa, el día 4 del próximo mes entrante por tratarse de mejoras tan necesarias e indispensables en esa localidad tan amante del progreso y de la civilización.

Coquimatlán  Enero 7 de 1907.

Faustino Aguilar
Rúbrica.

Actualmente se continúa con la misma tónica, al mismo tiempo que se invita a los alcaldes de los diez municipios de la entidad para que ofrezcan los recibimientos, situación que ha permitido preservar esta tradición que reclama la erogación de recursos económicos para cubrir los gastos de comida y bebidas que se ofrecen a los ganaderos, invitados y parte del público asistente.

Extracto tomado del libro HISTORIA DE LOS FESTEJOS CHARROTAURINOS. Prof. Salvador Olvera Cruz y el C. Inés Ramírez Cobián.

ORIGEN DE LA FIESTA BRAVA
“Motivado por el deseo de encontrar el origen de los mojigangos villalvarenses y el de la fiesta brava en nuestra región, hice algunas averiguaciones documentales y llegue a la conclusión de que toda esta actividad la iniciaron aquí los primeros arrieros hispanos que se aposentaron en nuestro terruño casi al mismo tiempo en que la conquista se realizó. Todo por que como en aquellos viajes de exploración y conquista los soldados tenían que llevar tras ellos algunas reses y demás cabezas de ganado menor (puercos y cabras)
Para sacrificar en donde no hallaran para comer. Y consecuentemente con eso, al quedarse a fundar la Villa de Colima los primeros colonos, tuvieron que contar con toros, vacas y caballos. Elementos esenciales de lo que hoy conocemos como la charrería.

Las primeras toreadas hechas en tierras colimotas se llevaron a cabo durante los herraderos que de tiempo en tiempo se realizaban en el punto que hoy es nuestro hermoso Jardín Libertad, y que durante los primeros años de la Villa de Colima era un simple predio de tierra, denominado pomposamente como Plaza Real, en donde lo mismo se instalaba el tianguis de la villa, que se aplicaban los castigos y puniciones (penas físicas) a los delincuentes, y se llevaban a cabo corridas de toros. Y la referencia que acredita la realización de las corridas en la Plaza Real es un testimonio de 1597, donde se afirma que un negro de nombre Lorenzo, “anduvo en esta Villa públicamente, a pie y a caballo mucho tiempo, y en la plaza haciendo juegos de toros; toreó a pie y a caballo”.

LOS MOJIGANGOS
Por lo que corresponde a los mojigangos, cabe señalar que éstos fueron conocidos en los pueblos de España como gigantes, y que la expresión mojigangos es una variación local de una presentación teatral callejera conocida como mojiganga, genero dramático menor del Siglo de Oro Español, que consiste en un texto breve en verso, de carácter cómico-burlesco y musical, para fin de fiesta, con predominio de la confusión y el disparate deliberados, explicables por su raigambre esencialmente carnavalesca.. ..
Con lo que tenemos, pues, que los mojigangos villalvarenses son el resultado de una mezcla de los gigantes aragoneses, zaragozanos (o hasta napolitanos o sicilianos), cuyas pantomimas proceden a su vez del género teatral antes descrito. Datos que no restan, sin embargo, ningún mérito a quienes mantienen esa bonita tradición en La Villa de mis amores.**

 

**Extracto enviado por el Prof. Abelardo Ahumada

Fue durante la administración municipal del alcalde Ignacio Torres Gutiérrez (1970 - 1973), cuando se procedió a representar por medio de los mojigangos a personajes de la política municipal y estatal, vecinos caracterizados de los diferentes medios sociales, e incluso cómicos y artistas que en su momento eran destacados por sus interpretaciones o éxitos alcanzados.

Conocer la identidad de a quienes representarán año con año los mojigangos se ha convertido en una creciente curiosidad de parte de la gente; pues su elaboración se da con la más absoluta discreción de parte de los organizadores y responsables de ordenar su manufactura; siendo hasta el día en que se realiza la primera cabalgata cuando la gente puede enterarse del caso.

El día de la primera cabalgata, los mojigangos son trasladados en una unidad móvil hasta el sitio en que dará inicio la multicitada cabalgata, para lo cual los mojigangos arriban cubiertos de la cara, para una vez que se da la voz de arranque del evento ser cargados por sus bailadores y descubiertas sus cabezas y consecuentemente, desentrañada su identidad.

Generalmente los dos mojigangos que anualmente se elaboran son cargados y bailados por cuatro o más personas; pues el largo recorrido que realizan y peso de los mismos, -  pese a ser construidos con materiales ligeros -, carrizo y cartón, se realizan relevos a determinadas distancias, generalmente a la altura de San Francisco.

Para chicos y grandes resulta todo un atractivo ver a los bailadores que al ritmo de la banda de música y la chirimía, se contonean con agraciados movimientos que llaman la atención en forma importante, tanto antes de arrancar la cabalgata, como a lo largo del  trayecto que recorren del centro de la ciudad de Colima, hasta la plaza de toros.

LAS CABALGATAS
Esta tradición data desde el momento en que se originaron los festejos, solidificándose su práctica en el momento en que las fiestas fueron trasladadas de la Villa de Colima a la Villa de Almoloyan; pues la autoridad municipal en turno y colaboradores se trasladaban a las inmediaciones de San Francisco, - lugar en que los vaqueros y ganadero que prestaba los toros descansaban – a fin de recibirlos y acompañarlos hasta el lugar en que se encontraban los corrales de la plaza de toros. 

La autoridad municipal y colaboradores al trasladarse a recibir al ganadero y vaqueros que conducían a los bovinos que serían lidiados y montados, eran acompañados durante el trayecto por el mariachi y la tradicional chirimía.

 

Al correr de los años se fue incrementando el número de participantes en las tradicionales cabalgatas; que se iniciaron cuando los ganaderos y vaqueros eran recibidos, momento en que se iniciaba la cabalgata al frente de la cual bailaban los mojigangos al acorde la banda de música y chirimía que les seguían, y más adelante,  un cohetero con sus ayudantes provistos de morteros, cámaras y cohetes que quemaban, rompiéndose el clima de tranquilidad que por esas épocas prevalecía, como también anunciaban el inicio de la cabalgata que la gente salía a observar desde las afueras de sus hogares.

Marchaban también después de los coheteros, de la banda de música y los “gigantes”, buen número de jinetes montando briosos corceles, una carreta adornada con palapas con ollas de ponche de granada, tamarindo y piña que era repartido entre los integrantes de la cabalgata y personas que lo solicitaban.

Una vez que la autoridad y acompañantes daban la bienvenida al ganadero y acompañantes, emprendían su camino rumbo a la plaza de toros junto con la cabalgata en un marco de gritos de júbilo.

Al llegar al redondel era común que el ganadero ordenara a sus vaqueros que fueran toreados dos o tres astados a fin de dar una muestra de la calidad del ganado y que estaban “ limpios”.

Actualmente las cabalgatas dan inicio la noche del viernes anterior a la primera corrida de toros, observándose sostenidamente un incremento notable en el número de jinetes, como también de las personas que se congregan para observar el arranque y recorrido de la multicitada cabalgata.

Durante muchos años las cabalgatas dieron  inicio frente a palacio de gobierno para concluir en los terrenos de la plaza de toros, donde de inmediato daba inicio el Toro de once, pero en los últimos tres años las cabalgatas se inician en el jardín Núñez, frente al Palacio Federal.
 Resulta impresionante en nuestros días observar los cientos de jinetes que participan en las cabalgatas; no explicándose buena parte de la población de donde salen tantos caballos; pues cabe señalar que durante las fiestas buen número de ejemplares son traídos a la Villa de las comunidades circunvecinas, permaneciendo en diversos corrales de la ciudad hasta el término de los festejos.

Por otra parte, desde el momento en que se instituyó contar con una Reina de los festejos, ésta participa en las cabalgatas, encabezándola en compañía de destacadas personas del municipio que abren el evento montando sus briosos y bellos corceles.

 Respecto a los días en que se llevan a cabo las cabalgatas, cabe mencionar que éstas se llevan a cabo todos los días que hay corridas de toros, salvo las fechas en que se realizan corridas formales o eventos artísticos, es decir los martes, viernes y el último domingo de fiestas.
   
Las cabalgatas inician al filo de las 12:00 horas, en tanto que el día del arranque de los festejos da inicio entre las 20:00 y 20:30 horas.

 

Extracto tomado del libro HISTORIA DE LOS FESTEJOS CHARROTAURINOS. Prof. Salvador Olvera Cruz y el C. Inés Ramírez Cobián. 

EL DESARRO DE LA TAUROMAQUIA EN EL ESTADO DE COLIMA

ORIGEN DEL TORO DE CASTA

Se tiene constancia de que en la más remota antigüedad en diversos campos y praderas de Europa, pastaba un bovino muy parecido al actual toro de lidia al que se ha nominado Bos (en sus razas primigen y brachyceros). Otros indicios señalan que el ancestro del toro de casta es el mítico Uro (especie bovina extinta) que pastó desde Africa a Europa y el cual se utilizó para cruzas con toros criollos seleccionados para el efecto por su bravura.

Como quiera que haya sido, no es hasta el siglo XVIII, cuando empiezan fundarse las primeras simientes de bravo, mismas que daría pie a diversas ganaderías de toros de casta y por ende a los astados que vemos lidiar hoy en día en distintos cosos; fundamentalmente de España, Portugal, México y Sudamérica. Estos encastes de sangre pura que dieron vida a su majestad el toro, a saber son: “1) la vaca Jijona de Don José Jijón, en Villarrubia de los Ojos y de Don Juan Sánchez Jijón, en los montes de Toledo; 2) Hermanos Gallardo, en el Puerto de Santa María; 3) Casta Cabrera, de Don Luis Antonio y Don Rafael Cabrera, en Utrera; 4) Casta Vazqueña, de Don Gregorio y Don Carrisquiri y la Casta del Conde de Vista hermosa (Utrera); siendo de esta última de donde se han formado casi todas las estirpes actuales como las de Marques de Saltillo, Morube, Parladé y Santa Coloma” (1). A su vez, fueron las dos primeras dehesas de este último bloque mencionado, las que dieron origen a las ganaderías de reses bravas en México.

GANADERÍAS

Definido por lo tanto el origen del ganado de casta que se lidia en nuestro país, en Villa de Álvarez como en otros cosos de la entidad, se han montado festejos con ejemplares de casi todas las ganaderías de renombre nacional, de entre las que destacan San Mateo, San Marcos, Cerro Viejo, Campo Alegre, Santa María, Carlomé, Valparaíso, Sierra Ortega, Baruqui Hermanos, Medina Ibarra, de Paula, Armilla Hermanos, Salvador Santoyo, La Playa, Peñuelas, Fernando de la Mora, Tequisquiapan, Quiriceo, Obregón Hermanos, Barralva, Rosas Viejas, Puerta Grande, Garfias, Xajay, Bernardo de Quiroz, Puerta Grande, Real de Saltillo y muchas otras más que sería largo de enumerar.

FIGURAS TAURINAS QUE SE HAN PRESENTADO EN LA PETATERA DE VILLA DE ÁLVAREZ

Aun cuando no se tiene conocimiento de las fechas precisas, se sabe por referencias de diversos aficionados que desde don Rodolfo Gaona, han actuado de igual forma en Villa de Álvarez, figuras de la talla de los maestros Fermín Espinoza “Armillita” y Fermín Rivera, Antonio Velásquez, Luciano Contreras, Silverio Pérez, Lorenzo Garza, Luis Castro “El Soldado” Luis Procura, Joselito Huerta, Manolo Martínez, Emilio Rodríguez, Eloy Cavazos, Raúl García, Mauro Liceaga, Jaime Rangel, Francisco “Curro” Rivera, Mariano Ramos, Manolo Arruza, Marcos Ortega, Rafael Gil “Rafaelillo”, Rodolfo Rodríguez “El Pana”, Manolo Mejía, Ernesto Belmont, Eulalio López “Zotoluco”, Jorge de Jesús “El Glison”, Rafael Ortega, Silvano González “Gallito” y Alfonso Hernández “El Algabeño”,  de entre otros mexicanos y españoles como Pepe Luís Vázquez, Jaime Ostros, Cristina Sánchez y Pedro Gutiérrez “El Capea” hijo.

Así mismo han montado sus jacas en este coso, rejoneadores como Carlos Arruza, Don Pedro Louceiro, Gastón Santos, Conchita Cintron Edith Evans, Rosa de Alva “La Solana”, Jorge Hernández Andrés, Jorge Hernández Espinoza, Ramón Serrano, Carlos Arruza hijo, Gerardo Trueba, Rui Fernández, Jorge Hernández Garate y otros más que han mostrado a los colimenses, su plena maestría en el arte de Marialba.

LOS TOREROS COLIMENSES

Por lo que respecta a los toreros de origen colimenses que se han forjado en la Monumental de Villa de Álvarez y han lidiado casta en esta y en otras plazas, por riguroso orden de antigüedad son: Don Fidel Gómez, Samuel Chávez, Ezequiel Fuentes, José “Pepe” Aguilar, Felipe González “El Tatemado”, Tomás Abaroa, El Banderillero “Chinanas” ya fallecido,  Amilcar Campos, Abelito Aguilar, Pablo Mendoza “El Cuate”